HISTORIA

 

En 1948 Vito Valenti llegó a Mendoza junto con tantos otros italianos que vinieron a esta tierra de vides y vinos. Su primer trabajo fue en una bodega de Rivadavia, y luego con el tiempo llegó a adquirir sus propias viñas, a las que aprendió a podar, atar, y darles todo cuidado para mostrar verdes y hermosas hileras, con racimos jugosos. También aprendió a injertar, y así, cada vid que le parecía bella y valiosa, la multiplicaba. Aún hoy, quedan algunas, añosas y otras hijas de aquellas que él generó.

Siempre contaba a sus hijos la experiencia de cuando regaba a la luz de luna acompañado por búhos que trasnochaban con él y que sabía que los Huarpes, raza india que habitaba Mendoza, respetaban como símbolo de sabiduría, ciencia y justicia.

Y todos los años, artesanalmente, pisando uva, llenaba dos barriles de madera. Era un vino dorado que no sólo lo disfrutaba, sino que una copa de ese vino, era esperada y halagada, por cada amigo que llegaba a su casa.

Don Vito, que amó a estas tierras tanto como a la suya, se fue de esta vida siendo todavía muy joven, pero dejó en sus hijos el amor al trabajo, el amor a las semillas y a las vides.

Aquel italiano que aprendió castellano, pero que le impuso sus propios matices a su forma de decir transformaba el “de” en “di” y así entonces, hacía dulce “di uva”, arrope “di uva” y vino, “di uva bianca”.

Por ello sus hijos al organizar la explotación como sociedad anónima adoptaron para la empresa y la bodega que ubica en la misma calle donde Don Vito desempeñó su primer trabajo, el nombre de “DIUVA” que pretende repetir aquel vino admirado y halagado por amigos.

Asimismo, el búho, aquella ave que se transformó en compañera en las noches de riego, está presente en DIUVA como un ícono y tributo a la sabiduría de aquellos inmigrantes agradecidos que inculcaron en sus hijos la cultura del trabajo y el amor a esta tierra huarpe que año a año fructifica en uvas y vinos generosos.